El disco recomendado de esta semana es Who´s Bridge, de Misha Mengelberg. Lo eligió Jorge Armani y nos dice lo siguiente:

Elijo WHO´S BRIDGE del Misha Mengelberg trío. Si bien hay clasicos que son muy relevantes, The blues and the abstract truth de Oliver Nelson, The incredible guitar de Wes Montgomery, Kind of blue de Miles Davis, New jazz conceptions de Bill Evans – o You must believe in spring- ,Free Jazz de Ornette Coleman o cualquiera de Coltrane Duke Ellington, Thelonious Monk o Louis Armstrong siento que este disco de Mengelberg reúne el espíritu de todos los que acabo de mencionar.

Jorge Armani es guitarrista y compositor. Vive en la ciudad de  Mar del Plata y su último disco editado se llama Infancia.

The Shape of Jazz to come

por Esteban Earling Garvie

Escuchalo todos los días a las 12 del mediodia por
www.radio-icm.com

Se trata de The Shape of Jazz to come,
registro de 1959, del cuarteto de Ornette Coleman. El título es sugerente. No encuentro una traducción mejor que “Lo que vendrá”, ( entendiendo que se trataría del jazz que vendrá). Incluir el término shape, tendería a limitar su augurio a la forma, ciertamente subvertida por Coleman, pero cuyo legado excede a lo formal. Tampoco sería justo reducirlo a la cuestión del aspecto, porque es música que remite a un registro más trascendente. Muy probablemente lo haya decidido algún productor, ya que no pienso que Ornette fuera un intelectual preocupado por el futuro. Era un creador del instante, de su momento, aunque haya rebasado a su época. Cierto que en la puerta de la década del 60, se saludaba la creación transgresiva, el cuestionamiento a las ortodoxias en todas las ramas del arte. Astor Piazzolla adoptó el título “Lo que vendrá”para su célebre composición grabado en 1960, ( https://www.youtube.com/watch?v=MMsP9pupXRw ), y ciertamente pronosticó un cambio en la forma de entender la música de Buenos Aires. Se cuenta que las presentaciones del cuarteto de Coleman en el Five Spot de New York estaban colmadas de un público en parte entusiasmado pero también perplejo frente a esos músicos bizarros. Don Cherry con su corneta deforme, a quien me lo imagino ataviado como africano subsahariano y a veces tocando sentado en posición de loto, aunque eso corresponda a una época posterior en la que se volcó a distintas formas de world music.. Ornette Coleman usando un saxofón de plástico, que emitía un sonido nasal de un timbre que resonaba a algún aerófono oriental. Charlie Haden emitiendo bombazos con su contrabajo, y volviendo redundante cualquier instrumento armónico, piano o guitarra, que entorpeciera el libre fluir de la armonía. Billy Higgins, que ocupaba la batería introduciendo rítmicas que de a ratos contrastaban con caprichosas formas melódicas. Entre los concurrentes había intelectuales de barba y anteojos que hurgaban en lo que les parecía algo revulsivo pero intrigante. Al mismísimo Leonard Bernstein, compositor y director de orquesta mimado por la inteligenzia neoyorkina, se lo encontraba a menudo sentado en el piso para estar cerca de la banda, poniendo cara de copado, a pesar de que muchos sospechaban de la sinceridad de su apreciación. Los músicos de la época estaban confrontados cuando opinaban sobre el cuarteto. Paul Bley los admiraba y alentaba. Miles Davis los vitupereaba.
Ahora bien,¿realmente anticiparon “Lo que vendrá”? En parte si, en parte no. Por un lado el free jazz fue mutando en dirección a la música “Impro”, que si bien conforma un movimiento que sigue activo globalmente, hoy reniega de llamarse jazz, y en general se mantiene dentro de un ghetto de valientes improvisadores radicales. Lo que siguió en el circuito del jazz fue el hard bop, y un rato más tarde su fusión con el rock, con la consiguiente rigidización de las formas armónicas y rítmicas. y una vuelta a la idealización del virtuosismo instrumental.
¿Significaron una ruptura total con la tradición?. No lo creo. El swing borbotea por todos lados en estos temas…de a ratos interrumpido, puntuado, , pero claramente presente e insistente. El fraseo de Coleman notablemente melódico, aludiendo constantemente a los blues, y hasta permitiendo que algún lick bopero se asome en su trajinar. Esa corneta de Cherry juguetea con lo impreciso, y tiene un aspecto de sencillez que desorienta. Me hace acordar tanto a esos tempranos cornetistas del jazz primigenio, en particular a Ed Allen, cuya simpleza insinuante se alejaba de las destrezas acrobáticas de Louis Armstrong o Jabbo Smith.
Concluyo que el título The shape of jazz to come tiene una validez absoluta, pero solo para mí. El jazz del pasado sigue presente ahi. De adolescente buscaba con la avidez de un hambriento los escasos programas de radio de los 50′ tardíos, y recuerdo haberme topado con la música de Ornette, que me causaba una mezcla de ofensa y curiosidad. En aquel momento preferí la reconfortante coherencia del jazz tradicional. Hoy, me encuentro produciendo música con el formato de aquel cuarteto señero, intentando arriesgarme a la misma libertad en la improvisación, sin abandonar la enunciación compositiva. En mi reducido ámbito subjetivo, el título tiene el valor de una profesía.

Esteban Garvie es trompetista, compositor, psicologo y lider de Los Carltos. Además tiene un blog con articulos sobre musica y accesorios muy interesante: vivabuddybolden.blogspot.com

 

 

Big Youth – Natty Cultural Dread

por Nicolas Santiñaque

Vengo del hc/punk, eso es lo que me conquistó de chico musical e ideológicamente y que me sigue pegando a día de hoy, en ese momento Minor Threat, 7 Seconds, Black Flag, viejos grupos que en los 90s se descubrían por algún casette grabado o por algún fanzine hermosamente horrible, cuando todavía los fanzines no se habían convertido en objetos de colección y mucho menos en caprichos editoriales con alto nivel de comercialización, la misma historia que se contó hasta el cansancio por los que nacimos en los 80s o antes y venimos mas o menos de esa movida. Por ese rumbo, y entre un montón de bandas, conocí Bad Brains. Particularmente me llamó la atención como entremezclaban el hardcore y el reggae en sus discos y gigs, estilos que en ese momento para mí eran incompatibles.

Así empecé a interesarme por el reggae y su movimiento, época de comprar vinilos como vampiro y de empezar a usar Soulseek a dos manos para descubrir viejas joyas. Me encontré con un panorama que me conquistó fuerte y empecé a indagar un poco la parte cultural, siempre me interesó conocer el contexto de las movidas. Me dí cuenta de muchas cosas, entre ellas que los rastas no tenían el mambo de la “mística del grupo de músicos”, como pasaba en el rock o el punk rock, donde se moría Keith Moon o Sid Vicious y la banda ya no funcionaba. Ellos tocaban (y tocan) todos con todos, se repetían los músicos y si había flow la cosa funcionaba. Algo muy parecido a lo que pasaba (y pasa) en el jazz, esa fue la razón por la que también empecé a meterme en ese mundo… Ambos estilos podían ser relacionados con el punk para mí, no tanto en lo musical (aunque a veces si), sino más bien en lo que representaron en su contexto y momento, pero esa es otra historia.

La cuestión es que desde aquella época amo el reggae, sobre todo el de Jamaica, el de gente pobre que no tenía para equipos Fender o Marshall o Hiwatt y se armaban sus propios parlantes, una de las razones por la cual lograban ese sonido único. Entre la extensa movida descubrí a Big Youth y me cambió la perspectiva de todo. Como su nombre lo indica de alguna forma, su música es joven de alma y espíritu, es fresca en su sonido, despreocupada. Big Youth es el mejor nombre que pudo tener este rasta.

Si tengo que elegir un disco de el voy con -Natty Cultural Dread- (1976). Reggae roots del bueno, con mucho deejaying (así le dicen los rastas al recite, rapeo o canto sobre una base o versión instrumental de un tema, por describirlo de alguna forma), y sobre ese juego de ritmo las letras van fluyendo, a veces se disparan violentamente: “You’re throwing everything you have at me, cheap shots, low blows, will you ever let it go, you’re so pathetic, give it a rest, you’re not gonna win” se escucha en “Wolf in Sheeps Clothing”, o momentos de sensibilidad absoluta como en “Jim Squashey” donde Big Youth recita como John Coltrane murió en vano por el Amor Supremo, otra vez esa conexión con el jazz que me hizo escuchar con más detenimiento a Coltrane y entenderlo de una forma un poco fumona. En fin, les recomiendo fuertemente -Natty Cultural Dread- de Big Youth, Pasa el tiempo y siempre está listo para ser escuchado y redescubierto.

Nicolas Santiñaque es fotografo, músico, editor.

Conocé lo que hace en: https://www.instagram.com/santinaque/